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El noble enemigo

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Es diciembre de 1943. Estamos en Europa, en plena segunda guerra mundial. Un joven piloto llamado Charlie Brown va a comandar un bombardero B-17 como parte de un escuadrón del octavo ejército del aire de los Estados Unidos. Brown tiene 21 años, aunque afirma tener 25. Es su primera misión. Debe atravesar territorio alemán para descargar sus bombas sobre una fábrica de aviones de guerra situada en Bremen y regresar después a su base, en Inglaterra. La defensa se prevé encarnizada pero su bombardero, apodado Ye Olde Pub (La Vieja Taberna), tiene un aspecto feroz.

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Los B-17, tripulados por una decena de hombres, eran auténticas fortalezas volantes. Con entre 11 y 13 ametralladoras de calibre .50 distribuidas en cinco torretas y dos puestos de cintura para defenderse de aviones enemigos, estas bestias del aire eran conocidas, además de por la combinación de su largo alcance, sus bombas y su poder defensivo, por ser capaces de soportar graves daños y seguir volando. En este caso, la capacidad de aguante del Ye Olde Pub y de su tripulación va a ser realmente puesta a prueba.

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El B-17 que pilota Charlie Brown despega de Inglaterra y vuela en formación hasta Alemania. Al acercarse a su objetivo, Brown describe haber visto algo así como hermosas flores de color que se abren en tierra y vuelan hacia el cielo; se trata de fuego antiaéreo. Y pronto ese fuego resultará demasiado certero.

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Frontal de plexiglás de un B-17

El B-17 de Charlie Brown recibe varios impactos y sufre graves daños; pierde el morro de plexiglás donde se ubica la torreta anterior, las dos alas están agujereadas y los motores dos y cuatro han sido alcanzados. Los tripulantes siguen con vida.

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Morro destruido de un B-17 que pudo aterrizar a pesar de los daños

Cuando tiempo después Brown recibió la Cruz de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos por sus acciones de ese día, se recordará cómo el piloto, en medio del caos, fue capaz de proporcionar instrucciones precisas a su copiloto y tripulación que permitieron apagar el motor 2 y mantener parcialmente operativo el motor 4, lo que a pesar de los daños sufridos permite al Ye Olde Pub mantenerse en vuelo hasta alcanzar su objetivo y descargar sus bombas.

Sin embargo, el daño de sus motores hace que pronto pierda la formación, quedando rezagado, aislado y a merced de los cazas alemanes.

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Messerschmitt Bf-109 en formación

Al menos una docena de Messerschmitt Bf-109 y Focke-Wulf Fw-190 atacan al B-17 desde todos los ángulos durante unos minutos interminables.

Charlie Brown se enfrenta a los aviones alemanes con una serie de agresivas maniobras con las que ataca y evade -unas maniobras que, posteriormente, serán descritas como responsables en gran medida de que el B-17 se salvase. Pero el fuego de los Messerschmitt agujerea el fuselaje del B-17 y alcanza el motor tres. El artillero de cola ha caído. Otro hombre ha sido gravemente herido -y perderá una pierna. La morfina se ha congelado y no puede utilizarse. Pero no hay tiempo para las quejas.

El morro y la cola del Ye Olde Pub sufren graves lesiones. El estabilizador horizontal y el timón de profundidad izquierdos han sido completamente destruidos. El B-17 está mortalmente herido. El fuego alemán ha dañado seriamente los sistemas eléctricos, hidráulicos y de control de oxígeno y los controles del B-17 apenas responden. El sistema de comunicación ha caído. El sistema de posicionamiento no funciona. Salvo las tres metralletas de las dos torretas superiores, que siguen en pie, el resto de torretas y puestos defensivos de la "fortaleza" están inutilizados, congelados a temperaturas por debajo de los -60°C o simplemente han desaparecido.

Un Focke-Wulf observa cómo el B-17, con su timón de cola prácticamente desmenuzado, inicia un vuelo invertido para después comenzar a caer sin control. Los pilotos alemanes se retiran; el Ye Olde Pub ha sido abatido.

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Charlie Brown 



Charlie Brown, herido en el hombro por un fragmento de bala, recuerda esa última maniobra defensiva y describe cómo se encontró de repente mirando hacia "arriba" para ver tierra. En ese momento el avión comienza a rotar y a caer sin control y Brown, sin apenas oxígeno, pierde el conocimiento.

Pero Charlie Brown se despierta poco después. El avión está cayendo en picado. Brown y su copiloto, "Pinky" Luke, se hacen con los controles, pero éstos apenas responden; el avión apenas responde. Pero se aferran a los mandos y, milagrosamente, consiguen evitar tocar tierra y enderezar su maltrecho B-17 a apenas mil pies de altura.

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B-17 herido

La tripulación con vida del Ye Olde Pub se ha librado, pero su situación es desesperada; malheridos, medio congelados, los sistemas de comunicación inutilizados, un solo motor completamente operativo, el fuselaje completamente agujereado, sin defensas... Inexplicablemente, el B-17 se mantiene en el aire. Pero aún sobrevuela territorio alemán.

Brown evalúa la situación. Su tripulación, con numerosos heridos, no soportaría un salto y, en Alemania y en su situación, un aterrizaje de emergencia no es una opción viable. Tal vez su destrozada fortaleza aguante 250 millas más, la distancia a Inglaterra. Necesitarán una dosis más de buena fortuna.

<<Necesitarán una dosis más de buena fortuna. Y aún sobrevuelan territorio alemán>>

Desde tierra, Franz Stigler avista un desvencijado B-17 que consigue estabilizar una caída que parecía mortal. Franz Stigler es un piloto alemán con amplia experiencia en combate. La campaña de África le ha curtido. Ese mismo día, apenas unas horas antes, ha abatido a otros dos bombarderos B-17 sobre territorio alemán. Derribar tres en un día sería increíble y, teniendo en cuenta su historial de victorias como piloto, la Cruz de Hierro es una condecoración que podría estar al alcance de la mano. Para Stigler, este galardón no es baladí; conseguir la Cruz de Hierro honraría la memoria de su hermano, también piloto y abatido en la batalla de Inglaterra.

Stigler hace despegar su negro Messerschmitt Bf-109 y se dispone a dar caza al bombardero en solitario. Se eleva y decide hacer lo más sencillo para derribar a aquel maltrecho B-17; atacar desde atrás.

Se acerca lo suficiente a la cola del B-17, apunta, y antes de disparar espera a que las ametralladoras del puesto de cola se enderecen para intentar defenderse y... éstas no se mueven. Se acerca aún más y puede distinguir claramente la sangre del artillero de cola, que yace muerto en su puesto.

El B-17 está destrozado; Stigler observa daños serios en el morro y en la cola, sin un estabilizador, con el timón de dirección como un queso gruyere. El fuselaje muestra un enorme agujero abierto en un lateral. La tripulación sin duda está medio muerta; no hay defensa activa por su parte. Nunca antes había visto un avión tan dañado y en el aire.

Stigler decide no disparar. No puede hacerlo. No contra un enemigo desarmado e impotente. A riesgo de tener que enfrentar un consejo de guerra por aquel acto, Stigler se pone a la par y observa la cabina del piloto.

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Recreación del Ye Olde Pub y el Messerschmitt de Stigler 

Charlie Brown no lo ve llegar. De pronto, observa impotente al piloto de un Messerschmitt negro en su ala derecha. Ve cómo le hace señas con la mano. El Messerschmitt cruza el morro y le indica que aterrice. Es territorio alemán. Brown ya ha descartado esta opción. Aunque entiende las consecuencias, Charlie Brown, al mando del Ye Olde Pub, rehusa aterrizar.

El piloto alemán insiste. En realidad, Franz Stigler señala en dirección a Suecia. Le intenta indicar al piloto americano una posible vía de escape hacia territorio neutral que evite que aquel amasijo de hierros intente cruzar el Mar del Norte.

Charlie Brown mantiene su rumbo. Ordena a uno de sus hombres ocupar la torreta del compartimento del piloto, en la que conserva dos ametralladoras funcionantes. Es una patética defensa. Pero el Messerschmitt se mantiene a su lado, sin realizar ninguna maniobra evasiva... y sin atacar. Brown ordena no abrir fuego.

Charlie Brown no entiende por qué el piloto alemán no ha atacado ya. Y no entiende que se mantenga a su lado durante kilómetros. Así que, confundido pero sereno, se concentra en mantener el B-17 en el aire.

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Franz Stigler 


Mientras escolta a aquel desvencijado B-17, Franz Stigler, a los mandos de su Messerschmitt, recuerda las palabras de su instructor de vuelo, el teniente Gustav Rödel; "si alguna vez te veo disparando o me entero que has disparado a un hombre en paracaídas, te buscaré y te pegaré un tiro yo mismo".

Aquel avión maltrecho y su tripulación eran en realidad "hombres en paracaídas", indefensos, de milagro aún en el aire. No podía derribarlos. Y entendía que el piloto del B-17 se negara a un aterrizaje de emergencia en aquellas circunstancias. Intentó señalar a Suecia para indicarle al piloto una opción razonable y segura hacia donde dirigirse, pero el piloto del B-17 pareció no entender o simplemente escogió mantener el rumbo.

Alguien se asomó a la torreta superior delantera y empuñó las ametralladoras. Mantuvo el pulso. Había mirado al piloto del B-17 a los ojos; no iban a abrir fuego.

Stigler decidió acompañar al B-17 hasta el límite del espacio aéreo germano para protegerlo con su presencia y evitar así que otros aviones alemanes o artillería antiaérea disparasen contra él.

Tras sobrevolar varias millas sobre el Mar del Norte, Charlie Brown vio al piloto del Messerschmitt señalar con una brújula en la mano la dirección de la costa inglesa. Entonces, el piloto alemán saludó, viró su avión y desapareció.

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Messerschmitt Bf-109 

A duras penas y con una habilidad encomiable, el jovencísimo Charlie Brown consiguió mantener aquel desvencijado B-17 en el aire bajo las tormentas del Mar del Norte hasta alcanzar la costa inglesa,  logrando aterrizar finalmente en la base de Seething con una sola baja y varios heridos.

Los ingleses mantuvieron en secreto aquel extraño encuentro con el piloto alemán, temiendo, probablemente con razón, que las tropas británicas pudieran "ablandarse" ante tal acto de nobleza por parte de un soldado enemigo.

Stigler, por su parte, también mantuvo el incidente en secreto para evitar tener que enfrentar un consejo de guerra por su decisión de no atacar a un bombardero enemigo.

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Charlie Brown (izquierda) y Franz Stigler (derecha)

A Charlie Brown le llevó 45 años localizar a aquel piloto alemán. Charlie Brown y Franz Stigler se conocieron en persona. No sería un único encuentro. Eran, desde aquel incidente en el aire, unos extraños hermanos. Pero esa es otra historia.

La moraleja de ésta la encontramos en las palabras de aquel carismático instructor que imbuyó en Franz Stigler un código de honor que éste asumió siempre como propio. Gustav Rödel repetía una y otra vez que "uno combate según las reglas no pensando en el enemigo sino en uno mismo, para preservar así la propia humanidad".

Sobrevolando Alemania aquel día, Stigler no sólo salvó a la tripulación del Ye Olde Pub y al que acabaría siendo su segundo hermano, Charlie Brown; aquel 20 de diciembre Franz Stigler se salvó a sí mismo.

Y un poco también, Stigler nos redimió a todos.

 

Chema Nieto

Las Rozas, enero 2021

 

Refs. e imágenes:

Imagen bombardero B-17: https://www.businessinsider.com/the-b-17-flying-fortress-debuted-80-years-ago-today-here-is-its-legacy-2015-7?amp

Imágenes esquemáticas del B-17: https://ww2aircraft.net/forum/media/b-17-waist-and-tail-gunner.11712/

Imagen morro de plexiglás del B-17 (Fightin Pappy): https://b17flyingfortress.de/en/b17/42-5407-fightin-pappy/

Imagen B-17 en tierra con morro destruido: https://military.wikia.org/wiki/Boeing_B-17_Flying_Fortress

Imagen de 3 Messerschmitt en formación: http://www.nww2m.com/2014/09/countdownrtb-bf109/

Imagen de Charlie Brown: https://m.stanthorpeborderpost.com.au/news/german-fighter-ace-saved-allied-bomber-anzac-story/511790/

Imagen de B-17 en el aire en problemas: http://www.482nd.org/node/425

Imagen del Ye Olde Pub y del Messerschmitt de Stigler: https://www.google.com/amp/s/www.aeromagazine.net/amp/artigo/heroismo-en-la-segunda-guerra-mundial_191.html

Imagen de Franz Stigler: https://social.shorthand.com/onetz_de/ngp8BvDoL/ein-held-weil-er-nicht-geschossen-hat

Imagen de Messerschmitt Bf-109: https://en.m.wikipedia.org/wiki/Messerschmitt_Bf_109

Imagen de Charlie Brown y Franz Stigler: https://www.google.com/amp/s/dirkdeklein.net/2016/08/20/the-ye-olde-pub-incident/amp/

Qué fue de Charlie Brown: https://www.google.com/amp/s/www.legacy.com/obituaries/herald/obituary.aspx%3fn=charles-l-brown&pid=121043278


Guataquita

Guataquita

Ay, guataquita, a los yerberos no. A los yerberos no me los escuches, que esos sólo saben apostarse en los mercados para vender lo que es de todos. Yo te lo digo tan segura como que el campo le agradece al sol cada mañana su calorcito, sobre todo después de las noches largas, que quiere decir de las noches de invierno, en las que, de tanto frío que hace, el agua que sueltan las planticas al respirar se les pega en la boca, o en las bocas, porque las plantas tienen muchas bocas chiquirriticas que son como puntitos que apenas se ven y que están en las hojas, como en las hojas tiernas del plátano, que si las cueces con vino abren sus bocas y sueltan una salivilla turbia que alivia el moco de los ojos; o como en las hojas de la fruta bomba, que tienen un canuto largo y hueco que parece una boca pero no lo es. Algunos le dicen papaya a la fruta bomba pero yo no la llamo así porque así le decía el Ulpiano a mi papo cuando quería jodienda y me entra la roña al acordarme de cuánto le echo de menos; me lo mataron por mambí hace ya tantos años que casi se me borran sus gestos, aunque su voz no se me olvida, no, que aún le oigo recitar versitos en aquella vereda de Jimaguayú.

Ah, pero cállame, guataquita, que a esta negra le patina la razón cuando la lengua se le embarra con la memoria. Te decía de los yerberos y que tan segura como que me llamo Edilia que esos haraganes no saben del oficio otra cosa que cogerle planticas al campo para luego vender. Y los curanderos, que no sé yo por qué los llaman así, que lo que saben, si es que saben, lo esconden y luego, como yerberos, venden también el remedio y le añaden la brujería, que hay veces que hace bien, pero la usan igual para hacer mal. Tú los consejos guárdatelos, guataquita, que ya verás luego qué hacer con ellos; pero de esos que le ponen precio a los remedios no te fíes. Y es que está fuera del orden natural cobrar por curar a un semejante, sobre todo si el semejante es tan pobre como uno mismo.


Chema Nieto


Heroína

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Érase una vez una niña mona que hizo un trato oscuro y se convirtió en representante sindical.

A la niña mona le molestaba que la llamasen niña mona y por eso discutía con todo el mundo. Llegaba a tal extremo su manía que cuando alguien le daba la razón cambiaba de opinión, pensando que así demostraba tener personalidad y no ser sólo una niña mona.

Al convertirse en representante sindical pensó que muchos valorarían por fin su manía de discutir pero pronto descubrió que negociar era un proceso lento y que los escasos éxitos resultaban poco vistosos; nadie parecía quererla más ahora que antes. Así fue que decidió aprovecharse de sus derechos sindicales para vivir mejor y trabajar menos y seguir a lo suyo, que era lo que siempre había hecho.

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Pero alguien le dijo que aquello estaba feo.

Como le gustaba discutir decidió demostrar que lo que hacía era en realidad luchar por los derechos de sus compañeros. Inventó entonces un motivo y lo llamó La Cadencia. Aunque La Cadencia, tal y como ella la definía, era tema fantástico y baladí, la niña mona afirmaba que era un Derecho Fundamental y que por ello era que libraba los fines de semana obligando a sus compañeros a suplirla; quería coaccionar a La Dirección (que es mala por definición) a respetar La Cadencia.

Cuando sus compañeros, puteados por otros mil motivos, la instaban a ejercer sus derechos sindicales sin putearles aún más la niña mona replicaba que la lucha sindical conlleva sacrificios y que debían asumir (ellos) tales sacrificios y no venirle a protestar, que ya bastante se sacrificaba ella.

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- Id a La Dirección –les decía- a pedir que os concedan La Cadencia.

La niña mona era buena discutiendo. Consiguió torear a su propio sindicato cuando la llamó para pedirle explicaciones. Sus compañeros, mientras tanto, se encontraban en una situación grotesca; para conseguir que la niña mona no les putease debían ir a La Dirección a solicitar esa cosa fantástica llamada La Cadencia. Esto sí que era rizar el rizo en el trabajo sindical. Claro que a tales alturas todo el mundo había olvidado ya que la niña mona había decidido aprovecharse de sus derechos sindicales para vivir mejor y trabajar menos y seguir a lo suyo, que era lo que siempre había hecho.

La niña mona, aunque pueda parecer perversa a ojos ingenuos, es una Heroína de nuestro tiempo. Vivir mejor, trabajar lo justito, eludir responsabilidades, incluso robarle a hacienda, tener un cochazo y evitar las multas son cualidades del superhéroe urbano que todos queremos ser. La Niña Mona, así, con mayúsculas, es sin duda una auténtica Heroína Urbana. Supongo que resulta inevitable que también sea una auténtica... FIN

chema nieto

Imágenes de Pequeño Cabaret Ambulante


Sarita y Nacho Vegas

en Secretos Confesables

a Lucía

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Sax Conocí a Nacho Vegas en el backstage de un concierto para sordos que organizamos en el invierno del 92.

Roberto Nicieza me llamó a finales de aquel verano para que fuera a escuchar a su grupo. Eran todos viejos amigos del colegio a los que hacía años que no veía. Fue emocionante. Tocaban en un garito del Rosal y apenas nos reunimos cuatro gatos aunque el concierto resultó buenísimo; estaban empezando, o casi, y tenían fuerza, ganas, gancho. Se hacían llamar Australian Blonde, por la canción de INXS.

Musique_tina_merandon_revue Aquella noche acabamos de birras y de risas por el antiguo. Entre los cuatro gatos estaba Sarita, una chavala sordomuda simpatiquísima que nos decía por señas a Roberto y a mí que teníamos un acento muy gracioso. Nosotros, ahogados en su escote, intentábamos mirarle fijo a las manos mientras nos peleábamos por acaparar su atención. Ella hacía como que no se daba cuenta y se emocionaba en cambio contándonos cómo sentía la música vibrar en su pecho, aunque no la oyese. Y a nosotros nos emocionaba que se emocionase, nuestras miradas resbalando inevitablemente bajo su cuello.

Sax_2 A Roberto se le ocurrió entonces hacer un concierto para sordos; sin guitarras ni melodía, puro ritmo, apenas una batería potente y un bajo que hiciera vibrar los pechos –especialmente los de Sarita. Ella volvió a emocionarse y, sin saber cómo, a los pocos meses nos encontramos organizando en serio el espectáculo.

Fue por aquel entonces que apareció Nacho con unos bafles tremebundos. Era apenas un guajete, amigo de no sé quién, y nunca quedó muy claro de dónde había sacado aquellos trastos. Sonaban de miedo.

Musique_tina_merandon_revue_2 Lo recuerdo siempre en medio. Nos echó un cable con Alex y sus rimas. Alex rapeaba en lenguaje de signos y pretendíamos que sus manos se acompasasen al ritmo fibroso de nuestras canciones. Parecía misión imposible pero al final quedó flipante. De veras.

Roberto e Íñigo se encargaron de la batería y el bajo. Tuvimos que conseguirles unos auriculares de obra, de esos que se utilizan con los martillos neumáticos. Realmente queríamos hacer vibrar a la peña. En cuanto corrió la voz ningún bareto quiso saber nada de nosotros y así acabamos dando el concierto en un solar de Oviedo, cerca de Juzgados, donde solíamos reunirnos varios grupos.

Sax_3Fue un éxito; doscientos sordos extasiados, botando como posesos, los ojos clavados en las manos de Alex, y Roberto e Íñigo baqueteando sin control y haciendo llorar las cuerdas.

Disfrutábamos como enanos pero la estridencia era exagerada. En algún momento, cuando el concierto iba rodado, dejé el control de sonido y me fui a la parte de atrás donde el ruido era algo más soportable. Allí me encontré con Nacho Vegas que me lanzó una birra nada más verme. Apenas había cruzado una palabra con él pero me caía bien el guaje, aunque ya entonces tenía esa mirada perdida y torcida con la que parecía acechar, siempre de reojo.

Musique_tina_merandon_revue_3"Tú eres el médico", me gritó. Le guiñé un ojo y me senté a su lado mientras abría la lata de cerveza. Nacho siguió; "Asustarás a las viejas con esas pintas". Yo tenía una melena horrible, la barba siempre desaliñada y un guardapolvo negro que apenas me quitaba para dormir. Efectivamente, las asustaba. Pero no tanto. "Ya no", le dije, "Ahora las encandilo".

Sax_4"Las viejas sienten un miedo antiguo por las barbas y la melena", comencé a contarle mientras me acomodaba entre un teclado y un destrozado acordeón. "Hace poco asusté a una vieja en el súper. Me ocurre a menudo. En cuanto me vio se aferró a sus tomates como si le fuera la vida en ello. La dejé en paz pero poco después me la encontré de nuevo en la consulta. Yo estaba de prácticas en el hospital, misma melena, misma barba. La vieja me contó sus dolores y no titubeó cuando me acerqué para auscultarla. Entonces no pude resistirme y le susurré: <por favor, deje a un lado la bolsa de la compra>. A la vieja le dio un rictus, se aferró a sus tomates y salió de la consulta mirándome sin pestañear, trastabillando que ya se encontraba mejor".

Musique_tina_merandon_revue_4"Ya no me divierte asustar a las viejas. Ahora dejo que recelen un poco pero evito aterrorizarlas y no sé cómo ni por qué pero las abuelas se despiden encantadas. Desgraciadamente por ahora sólo me funciona con las viejecitas. Con el resto casi nunca. Y con las guapas jamás".

Nacho guardó silencio unos segundos y luego dijo, "¿Sabes? Esa mierda da para una Sax_5buena canción". Esta vez fui yo quien le miró de reojo. Apuré el último sorbo de cerveza y nos levantamos para mezclarnos de nuevo con la gente. Aún nos dio tiempo para intercambiar alguna cita del Cohen, de Bob Dylan, de Lou Reed. No volví a saber de Nacho Vegas hasta muchos años después cuando una amiga me contó de sus discos y sus libros. No me extrañó.

La noche del concierto le perdí de vista en cuanto salimos del backstage; Roberto Musique_tina_merandon_revue_5seguía tocando la batería para doscientos sordos; Nacho se refugiaría en algún rincón para traducir sus experiencias en canciones; yo perdí mis manos con el ruido del concierto. Las encontré algo más tarde susurrando ficciones en los neumáticos pechos de Sarita.

Y Sarita no se asustó.

                    Chema Nieto. La Botica del Indiano, Lugones, Septiembre 2007


Una Salita en la Braña

en Casualidades y Misterios

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Mi bisabuelo recorría hace cien años los pueblos de Asturias tratando esguinces y fracturas, recomponiendo huesos. Murmuraba mientras trabajaba, como si estuviera leyendo lo que palpaban sus dedos, y tentaba y tentaba hasta que un giro brusco y zas, un chasquido y ya estaba hecho. Una vez en su sitio, tablilla, un emplasto, quizá unas hierbas y hasta la próxima, que sea tarde. Su oficio era simple. Lo aprendió de su padre. Y los dos eran buenos.

 

Por aquel entonces el gran físico austriaco Erwin Schrödinger había ideado un extraño experimento para el cual necesitaba un recipiente con veneno, un espejo, un electrón y un gato negro; ni Borges imaginó una fábula con tanto ingenio. Aunque el experimento nunca se llevó a cabo, el físico aseguró que, de llegar a hacerse, el gato estaría vivo y muerto al mismo tiempo.

Como les ocurre a ciertos artistas, aquel gato terminó haciéndose más famoso que su creador. Cuando mi bisabuelo se enteró de sus desventuras -de las del gato- sufrió un desmayo ante lo inquietante de un universo tan lábil. Una vez recuperado meditó largo y tendido sobre las implicaciones de aquel experimento; el minino parecía condenado a una existencia múltiple hasta que alguien con consciencia lo descubriese, obligándole así a decidirse por una sola de ellas.

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Mi bisabuelo se encontraba en una situación peculiar que casi suponía una existencia múltiple, como la de aquel gato. Su oficio era al mismo tiempo clínico y mágico. Aceptaba a regañadientes que lo considerasen brujo o curandero cuando él mismo se veía como un simple profesional, consciente de la distancia que le separaba de médicos y de brujos.

Reconocía, sin embargo, que aquel halo de misterio que rodeaba su práctica y su saber redundaba en beneficio para sus pacientes, que seguían la más nimia de sus indicaciones con recogida veneración. Y además, por algún motivo que no llegaba a comprender, era consciente del efecto saludable que de por sí confería aquel halo, más allá de su propia técnica.

Relacionaba este vínculo entre misterio y salud con la capacidad humana de emocionarse y pensaba que debía haber algo en la emoción capaz de ayudar al cuerpo a decidirse. Tal vez, meditaba recordando al gato de Schrödinger, salud y enfermedad convivan en el hombre hasta que este toma una decisión modulada por su emoción; la fascinación y el asombro como facilitantes de la salud.

Una insólita casualidad permitió que el joven Schrödinger y mi bisabuelo coincidieran una vez en la salita de espera de Don Julián, el de la Braña, un conocido brujo que tenía fama de curar las piedras, los pujos, la culebrilla, el asma y hasta la impotencia (aunque mejor no especular sobre los motivos que llevaron a uno u otro a aquella consulta).

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En aquella salita, el profesor de física y mi pariente hablaron del gato, claro, y también de los huesos, de la emoción, de la salud y del orden, el austriaco marcando las erres y mi antepasado musitando en berrendo, pero se entendieron. Creo que incluso cruzaron después alguna carta, que por desgracia no conservo.

 

(...)

Pasado el tiempo mi bisabuelo se retiró, o casi, aunque no tuvo suerte con los hijos; ninguno quiso saber del oficio y se hicieron cura, soldado y ganadero. Schrödinger siguió trabajando como físico, aunque sus especulaciones terminaron por acercarse sorprendentemente a la biología... y a la magia. De aquel Don Julián que les sirvió de encuentro me enteré más tarde que acabó delante de un juez por un doctor de Oviedo que lo acusó de intrusismo profesional. Me lo contó Pepe Vera, narrador inagotable, mientras nos tomábamos el segundo o el tercer "té con limón" en lo de Rosina, un día que bajábamos de la Azorea.

Me dijo que Don Julián, el brujo de la Braña, entró en la gran sala de los juzgados con su barbita cana y su caminar pausado. Cuando le llegó el turno, se acercó al magistrado y le dijo con voz queda, Su Señoría, no será necesario, yo, lo confieso, no soy brujo... sino médico. Me licencié hace años en Salamanca, aquí tiene el título, pero se lo ruego, no querría que esto se hiciese público. Usted me entiende, mis pacientes...

chema nieto

Imágenes recogidas de la web sin permiso explícito


Munuza, Adosinda, Pelayo y la Batalla de Covadonga

Munuza

2. El Pelayo Astur (Barbaridades Patrias II)

Los árabes, al conquistar la Península Ibérica, no desmantelan la estructura de poder vigente sino que ejercen una forma habitual de tutelaje que consiste en asegurarse la lealtad de la clase dirigente y el pago de tributos. Esto lo consiguen en la mayoría de las ocasiones sin necesidad de recurrir al uso de la fuerza al asegurar, a cambio de impuestos razonables, los dominios de los nobles locales al tiempo que protegen la libertad de sus súbditos -incluidos los aspectos religiosos.

En este contexto es en el que podemos situar al gobernador Munuza en Gijón, comandando una pequeña guarnición encargada de asegurar el pago de tributos de la región.

Munuza, aventurero incansable y curtido por muchas batallas, conserva una inclinación especial por la música y un carácter claramente enamoradizo, como atestiguan sus siempre atractivas conquistas. Durante una visita al oriente Astur repara casualmente en la hermosa 

Adosinda

Adosinda, que canta en la ribera del río Sella, y se enamora perdidamente. Atestiguan viejos cantares que Adosinda le corresponde.

Muertos los padres de la hermosa, es su hermano Pelayo quien decide con quien esposarla y, en este caso, no consiente que la joven Adosinda se una al aventurero de piel tostada. Pero Munuza es terco y está enamorado. Hace uso de su posición y encarga a Pelayo, en calidad de noble local, la entrega de tributos a Córdoba. Pelayo no se puede negar y parte hacia la capital. El viaje dura meses. Munuza aprovecha su ausencia y se casa con Adosinda.

A su regreso, Pelayo monta en cólera y, joven, bárbaro, astur, trata de matarlos a ambos. Afortunadamente para la historia, apenas consigue atacar a la guardia de Munuza y debe huir para salvar la vida, logrando con increíble habilidad llegar a las montañas (los actuales Picos de Europa), donde finalmente se refugia.

Munuza y Adosinda vivirán su propio cuento rosa no apto para cardiacos. Mientras, el joven Pelayo logra convencer a los bárbaros asturianos de las montañas para que dejen de pagar impuestos al sinvergüenza de Munuza. Este, sintiéndose algo culpable y sin ganas en cualquier caso de batallar con el hermano de su mujer, hace la vista gorda.

Monje

Tres años después las noticias llegan a Córdoba; montañeses astures se niegan a pagar los correspondientes impuestos. El valí Anbasa teme que el ejemplo se extienda y, ante la negativa de Munuza de enfrentarse a Pelayo, decide enviar una expedición de castigo propia.

Esta expedición es comandada por un árabe, de nombre Alqama, y está compuesta tanto por musulmanes como por cristianos leales (lo que desluce un tanto el mito del levantamiento cristiano contra el dominador musulmán, supongo). En realidad, entre los miembros de la expedición de castigo encontramos no sólo a cristianos sino incluso a un obispo llamado Oppa, visigodo de pro, al que los fieles de Pelayo apresarán después de dar cuenta de todo el grupo en la cueva de Covadonga (la "Coba Dominica" que cuenta la crónica de Alfonso III).

Parece, pues, que la batalla de Covadonga no enfrenta a cristianos contra musulmanes, ni es tampoco una lucha de árabes contra visigodos. Se trata, en suma, de unos montañeses insurgentes que se enfrentan a una expedición que pretende castigarles por no haber pagado los impuestos que les correspondían. Y el hecho que origina toda esta historia es una bella muchacha cantando a la orilla de un río; un gobernador enamoradizo; un hermano celoso; unos montañeses con ganas de gresca...

Pero volviendo a la batalla, la derrota de Covadonga es de hecho tan terrible como inesperada y la huida del grupo liderado por Alqama se convierte en histeria cuando un desprendimiento sepulta a buena parte de los supervivientes. La historia llega a Gijón y Munuza y su guarnición, que ya estaban hasta el gorro de tanta lluvia, deciden abandonar las tierras de los astures.

Quieren algunos asegurar que Munuza fue muerto por hombres de Pelayo cuando intentaba huir. De estos hechos sin embargo no tenemos confirmación. Más aún, hay quien señala ciertas crónicas 

Pelayo

que describen a un tal Moun'za y a una joven de cabellos rojizos y tez de leche cerca del Guadalquivir. Y aún hay otros que aportan documentos que sugieren que el árabe y la bella se reconciliaron con Pelayo, y con la lluvia, y se quedaron a vivir en su recién formado reino.

En cualquier caso, y volviendo a la batalla: A pesar de no ser en absoluto consistente la identificación de la batalla de Covadonga con un enfrentamiento religioso entre cristianos y musulmanes, lo cierto es que Pelayo y sus astures inician una insurrección que consigue hacer desaparecer el dominio árabe de la región, dando comienzo a un reino que, trescientos años después, dominará buena parte de la Península Ibérica -lo que no es poco como mito histórico local.

Ahora bien, convertir al mítico Pelayo y a sus insurgentes en paladines del cristianismo frente al musulmán invasor no sólo es erróneo sino que constituye una más de nuestras barbaridades patrias.

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En fin, para desbaratar el mito de la Reconquista como supuesto enfrentamiento entre moros y cristianos necesitaría algo más de tiempo y espacio del que aconseja la prudencia motivo por el cual evito daros el coñazo y me voy a sobar.

Buenas noches.

chema nieto

fotografías recogidas de la web SIN consentimiento explícito


Margarito, Malta y el Halcón

A Modo de Epílogo (Notas al cuento On Postmodernism, publicado en The Bongobundos)

Costa_pirata

Margarito de Brindisi, un olvidado pirata genovés, se convirtió en Conde de la Isla de Malta por gracia del Papa Clemente III en el año 1.190, transformando el lugar en refugio de corsarios y haciéndose conocer y odiar por sus numerosas bravatas y excesos. A pesar de todo nunca conseguiría deshacerse de su ridículo nombre, lo cual constituyó sin duda la más grande tragedia personal de Margarito.

Existen diversas teorías que afirman que los nombres ejercen una influencia especial sobre el objeto nombrado, sea éste utensilio manufacturado, hallazgo, accidente geográfico, idea, esperanza o persona. En el caso de Margarito no cabe duda de que la Historia ha preferido olvidarlo, entre otros motivos, por lo grotesco que resulta un pirata feroz con un nombre tan floral. Tal vez el propio Margarito haya tratado de compensar con la piratería el peso de ese nombre injusto, desproporcionado, bufo, luchando así contra el destino que pretendieron fijarle en la cuna.

Sin embargo no trato de excusarlo. Maalouf escribe: "(...) pero la compasión se transforma a veces en complacencia. Aquellos que han sufrido la arrogancia del colonialismo, del racismo y de la xenofobia son perdonados por excesos que ellos mismos cometen por propia arrogancia nacionalista, por su racismo y xenofobia".

Efectivamente Margarito se torna pirata injusto, desproporcionado y bufo, convirtiéndose en el enemigo, en el destino mismo contra el que trataba de luchar. El visionario Nietzsche advirtió en su día que "luchando contra dragones debe cuidarse de no terminar convertido en dragón uno mismo". Tal vez Nietzsche escuchó siquiera casualmente el nombre del pirata, descubriendo en su germanismo natal similares o paralelos nexos jocosos.

Las islas maltesas que Margarito poseyó durante un tiempo son también muestra del efecto que produce un nombre sobre el objeto nombrado. Hace casi tres mil años, cuando los fenicios llegaron a Malta, es probable que las islas se conociesen con el nombre de Fggaar, sonido que posee ciertas cualidades relacionadas con el viento y que nos retrotrae a tiempos sangrientos, bárbaros, poco civilizados. Por motivos obvios (aunque incapaces de prever las consecuencias) los fenicios consideraron necesario rebautizar las islas y así las nombraron Malet, que significa Refugio.

De entre todas las posibles connotaciones de este nombre las islas no pudieron escoger; así se convirtieron en abrigo, protección, defensa, albergue, asilo; pero también en madriguera o guarida, escondite, retiro y hogar, agujero, presidio, recepto. El nombre, ambiguo, contradictorio, terminó por prostituir las islas que terminaron siendo refugio de cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, cristianos, piratas, templarios, italianos, masones, napoleónicos, ingleses, independentistas, alemanes, globalizadores, granjeros, jipis...

Halcon_lanario

Un último ejemplo; Dashiell Hammett eligió el nombre de Halcón Maltés (basándose en los halcones peregrinos, famosos en la isla desde que los Caballeros de Malta los entrenasen) para urdir una historia, inventando una joya que los templarios habrían entregado a Carlos V en 1.530. Tal vez fuese tan solo casualidad que la novela se tornase guión y este película de éxito. Lo cierto es que a raíz del film se produjo en Malta una caza indiscriminada de halcones peregrinos que terminaron por desaparecer pocos años después; Dashiell Hammett escogió un nombre para una novela y, sin percatarse, inició la trama que asesinaría al objeto que había nombrado.

Los halcones peregrinos, la propia isla de Malta o Margarito de Brindisi; acosados todos ellos por un nombre que les fue impuesto o robado, hostigados por el aparente azar de las palabras, por un destino que germina a partir de signos, que se diluye en signos, que finaliza por ellos.

Aquellas teorías que afirman que los nombres ejercen una influencia especial sobre el objeto nombrado terminan por reconocer que el hombre es imprudente a la hora de nombrar, lo cual resulta evidente por lo prolijo de nuestra nominalización y por los frutos, cuando menos extravagantes, que produce.

chema nieto. Sliema, Malta, Febrero de 2005

foto de Zairus: (costa Tarragona) + foto de Marian (hera): (Halcón Lanario)